La Entrevista
Javier Yanes Escritor
Última actualización 24/04/2009@00:26:06 GMT+1
Firmará su primera novela, El señor de la llanuras (Plaza y Janés 2009), mañana a partir de las 11.00 horas en el stand que la librería Almez ubicará en la calle Carlos Picabea de Torrelodones, municipio al que siente como suyo este doctor en Biología y máster de Periodismo. Precisamente es en esta ciudad serrana en la que se desarrolla la primera parte del libro, una trama que concluye en Kenia, un país que conoce a la perfección dada su condición de viajero impenitente.
¿Periodista o biólogo?
Yo entré al periodismo por una puerta falsa digamos, porque lo hice escribiendo de viajes. El periodismo de viajes es un periodismo muy particular que en principio no requiere unos conocimientos demasiado especializados. Luego me reciclé con un máster de periodismo. Ahora trabajo en prensa diaria tratando temas de ciencia, rescatando mi antigua Biología… soy un redactor de tropa en la sección de Ciencia de un periódico.
¿Es su primera novela “El señor de las llanuras” o tiene algo más escrito?
Sí, es la primera. Eso me preguntó David (editor). Le contesté, qué más quisiera yo que abrir el cajón y tener escritos que pudiera sacar… aunque he escrito toda la vida, como supongo que hacemos todos los que vemos algo y tratamos de contarlo por escrito y tomar notas de los viajes. He escrito durante años en una revista de viajes que se llamaba “Lunas de miel”, una publicación de calidad con 250 páginas, con una fotografía magnífica. Allí hacia un tipo de crónica de viajes y crónica literaria. Eso fue lo más parecido a una novela que había hecho.
¿Cuánto tiempo le llevó escribir su primera obra?
Poco tiempo, más o menos cinco meses.
Pues tiene tamaño y volumen de superventas (713 páginas)…
Fue algo que emprendí con ganas y con mucha intensidad. Fue en un momento personal hace ya tres años. La revista de la que te he hablado cerró y me di cuenta de lo difícil que resultaba encontrar un trabajo similar. Entonces, encontrándome en el paro en febrero de 2006 y con mi primer hijo nacido cinco meses antes, estaba atado a casa y con el proyecto de escribir una novela… A lo mejor dedicaba 10 o 12 horas al día a escribir. Fueron cinco meses pero muy intensos.
Estaba en una buena etapa personal…
Estar sin trabajo te da una libertad total de escribir. Estaba en casa sin ningún tipo de presión, aunque fuera una etapa laboral y económica complicada para mí. Desde el punto de vista personal era una etapa gratificante… había nacido mi primer hijo. Creo que esa alegría vital y esa libertad de estar ahí aguantando se reflejan en la novela. Me han dicho que es una escritura bastante fresca porque esa frescura sale de una forma natural cuando estás emprendiendo algo de lo que tenías ganas desde hacía tiempo… y eso que dicen, si la vida te da limones, haz limonada… y yo decidí hacer esa limonada.
El pasado martes presentó su libro Javier Reverte, un lujo, porque también es un viajero empedernido…
Un lujazo. Me he sentido como una especie de pequeño saltamontes con un maestro como Javier Reverte al lado. Después de haberle leído tanto no me podía imaginar que un día presentaría una novela mía. Recuerdo que su primer libro sobre África, una trilogía, “El sueño de África”, un exitazo editorial, lo leí después de haber viajado por primera vez a Kenia. En parte fue el responsable de que me enganchara a querer volver allí, porque descubrí además de lo que ya había visto en mi viaje, toda la historia y todo lo que me había perdido en ese viaje. Para mi ha sido el encuentro con un maestro que hasta ahora no había tenido oportunidad de conocer.
Y después de tanto viaje en su vida ¿Por qué decidió vivir en Torrelodones? ¿Qué le ha unido a este municipio?
La verdad que conocí el pueblo de una manera casi tonta, a raíz de una boda de una familiar que la celebró en El Pendolero, subido a la colina donde termina El Pardo y fue un enamoramiento del lugar, del paisaje… De alguna manera el lugar me atrapó. No es solamente que sea un lugar con encanto, sino toda la historia que tiene detrás. Y a los que somos aficionados, no sé si por la vena periodística o por la vena literaria, nos atrapan los lugares con historia… había sido un lugar de reunión de políticos e intelectuales, el lugar al que venía la burguesía madrileña…
¿De qué año estamos hablando? ¿Cuánto tiempo hace que se ubicó en Torrelodones?
Llevo viviendo entre 9 y 10 años. Soy de Madrid capital, pero en aquel momento buscábamos un lugar cercano a la Sierra para vivir y cuando vimos Torrelodones decidimos que este era el mejor lugar.
Hasta el punto de situar la infancia del narrador de la novela en Torrelodones. ¿Tiene algún punto biográfico?
No, no respecto a mi infancia, porque yo la infancia desgraciadamente no la pasé en Torrelodones, la pasé en Madrid y tuve una infancia mucho más urbana que el narrador. Digamos que he transplantado en parte mis veranos en Las Rozas… Por entonces mis abuelos tenían en Las Rozas una casa de verano, y creo que eran un tipo de correrías de la infancia muy parecidas a las del narrador, Curro, en Torrelodones. Tengo mucho cariño al pueblo, lo he hecho mío, me siento completamente de aquí, aunque no haya nacido en Torre. Es un lugar que he hecho mío y que quería reflejar en la novela.
Además del atractivo, tiene muchas historias...
En cuanto empiezas a escarbar, los muros señoriales de las casas tienen un valor histórico muy literario, muy atractivo. Y luego como periodista le doy un enfoque de crónica. Y me parece más adecuado escribir sobre aquellos lugares que uno mejor conoce. En mi caso creo que conozco Kenia bastante bien y conozco mi pueblo, entonces qué mejor lugar para documentarse en un situación en la que uno no puede hacer lo que hacen los escritores consagrados, que se marchan tres meses a Noruega a documentarse.
¿Qué es lo que le une tan fuertemente a África?
Fui un niño de esta generación que veíamos los documentales de Félix Rodríguez de la Fuente y los fascículos de fauna africana en los kioscos todas las semanas. Esto junto a las novelas de aventuras como “Las minas del rey Salomón” y los relatos de los exploradores victorianos… Todo aquello me configuró una especie de mundo mágico sobre África. Un mundo de animales salvajes, de tribus misteriosas y de exploradores que se adentraban en lo desconocido. Hice mi el primer viaje a Kenia en 1992, el mismo año en que se desarrolla el presente en la novela. Quería transplantar a Curro lo que fueron mis primeras impresiones. Cómo descubre uno un lugar con ojos inocentes. Descubrí esa epopeya histórica y ese paisaje humano que lo convierten en un lugar fascinante. En el caso de Kenia estaban todos los personajes que utilizaron aquello como el patio trasero de juegos de la Inglaterra victoriana donde se desataban pasiones, tanto para lo bueno como para lo malo.
Y desde ese año 1992, ¿cuántas veces ha viajado a Kenia?
Unas ocho o diez veces, la verdad es que no sigo la cuenta.
Claro que ahora con los dos peques lo tendrá más complicado…
Ahora sí. Llevo cinco años sin viajar allí, pero espero que se pueda reanudar cuando los niños sean un poco mayores. Además creo que mis hijos van a formarse ese mismo mundo mágico…me gustaría descubrirles ese país.
¿Es un aventurero?
Creo que lo mío es más curiosidad que amor a la aventura. La curiosidad, que es la que nos mueve en parte como periodistas y por descubrir las historias y contarlas. En mi caso se plasma también en la parte de biólogo, porque creo que al científico también le mueve la curiosidad. La curiosidad del científico con la curiosidad de periodista es una curiosidad al cuadrado. Además la aventura hay que buscarla con moderación, porque África es un lugar peligroso.
¿Tiene la novela mucho de autobiográfica?
Es pura ficción, salvo esas historietas propias a la hora de describir la infancia de un personaje o esas impresiones que se pueden asemejar a las que percibí en el primer viaje, pero por lo demás la historia es cien por cien ficción.
A pesar de que Curro, el protagonista y narrador, sea periodista…
Es un personaje alter ego que uno se inventa y en el que uno puede dar rienda suelta a ciertas críticas. Una profesión a la que quiero, pero que también tiene sus cosas.
¿Cómo se ha sentido como entrevistado?
Me está pareciendo una aventura apasionante, porque estoy aprendiendo lo que es estar al otro lado… y me parece que ya de por sí es novelable. Para un periodista sentirse en el otro lado te hace aprender mucho de esta profesión.