Hemeroteca :: 31/10/2008
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La Entrevista

Premio Deporte EL TELÉGRAFO 2008

Quiere hacer las cumbres más altas de los siete continentes antes de los 70

Última actualización 30/10/2008@23:53:25 GMT+1
Este abulense de 69 años, afincado en Madrid desde los cinco meses y de profesión (hasta los 65) tapicero decidió hace cuatro años, tras la jubilación, cambiar la capital por Moralzarzal y entrenar más duramente si cabe para entregarse en cuerpo y alma a su gran afición, el alpinismo. Es un gran conversador, amigo de sus amigos y de su familia (cuatro hijas y cuatro nietos), aunque reconoce que su debilidad son las montañas. Disfruta hablando de ellas y conquistando las cimas más altas. Compartimos un largo té junto a su esposa, Cristina, y aprovechamos la ocasión para comunicarle que el Premio EL TELÉGRAFO Deporte 2008 es para él.
De Madrid capital a Moralzar-zal, ¿Cómo vivió hace cuatro años el cambio de domicilio?
El cambio ha sido espectacular.

¿Y el cambio de insigne tapicero a jubilado?
Trabajé para gente importante como Alicia Koplovitz, Cristina Macalla, Plácido Arango... Les hice cosas aquí, en Suiza e incluso en Nueva York. Y a la vecina de al lado le he arreglado también las sillas. Tenía un taller artesanal con tres empleados toda mi vida y hacíamos muebles... trabajaba con decoradores... unos locos. No ganaba mucho dinero, pero hacía cosas muy divertidas. A pesar de todo eso, me iba a subir montañas. Me he escaqueado todo lo que he podido, pero siempre para hacer deporte.

Y también se ha llevado a la familia a hacer deporte...

Por supuesto. Desde que Cristina (su esposa) y yo nos conocimos hace cuarenta y no sé cuántos años en la Pedriza, hemos subido allí muchas veces; juntos subimos al Cervino, al Mont Blanc, hemos escalado mucho. Al principio con las hijas, cuando no teníamos coche, íbamos en autobús con tres hijas hasta Gredos, con la cuna, con el cochecito... hace falta afición. Cristina siempre ha colaborado, nunca me ha puesto una pega. Mis hijas me han acompañado y me acompañan todavía de vez en cuando.

¿Tiene recuerdos de sus primeras escaladas?
Guardo maravillosos recuerdos de todas. La primera vez que fui a la montaña acabábamos de cumplir Antonio Riaño y yo 14 años, fuimos a conocer el Guadarrama unas vacaciones. Trabajábamos en el mismo taller y nos prestaron una lona de una camioneta, le pusimos dos palos y subimos a la Pedriza. Al año siguiente volvimos a Guadarrama, al otro a Gredos, al Pirineo, a los Alpes...

¿Y su primera gran montaña?
La hice en el año 1962 también con Antonio Riaño, fue la cara oeste del Dru, una escalada de 1.000 metros de granito; estuvimos cuatro días en la pared. Uno de los primeros sextos grados -una escala de dificultad- hecho por españoles. Antes, la dificultad llegaba sólo hasta el sexto, ahora llega hasta el noveno. Y la primera vez que fui al Himalaya fue en 1973, al Manaslu. No pudimos subir porque nos hizo muy mal tiempo, pero era la primera vez que una expedición española intentaba hacer una montaña. Y en 1975 lo conseguimos. Fue la primera montaña de los 14 ochomiles hecha por españoles.

Veo que no ha parado...

Fui director de la Escuela de Alta Montaña de Madrid durante cuatro años nada más casarnos. Con la familia hacía cosas y con los amigos cosas más difíciles. Siempre he procurado compaginar familia y deporte. En 1991 fuimos toda la familia a una gran expedición a China a subir una montaña de 7.500 metros cuando tenía 52 años. Un momento fuerte, crucé en bicicleta de Pakistán a China, luego subí a una montaña de 7.500 con esquís desde el campo 1, que estaba a 5.200 metros y bajé al campo base a cenar con Cristina. Fue un récord impresionante.
¿Qué hay que hacer para estar tan en forma con esa edad?
Le diré a la gente de 50 años y de más edad que no se mortifique, que si uno se cuida un poco se puede tener mucha fuerza.

¿Lleva toda la vida plateándose retos?
No, no, aquello salió porque aprovechar el tiempo es una de mis manías. Y la velocidad en la montaña da mucha seguridad... A los 60 intenté hacer tres montañas de ocho mil metros, pero por mala suerte y mal tiempo no lo conseguí. Entonces dije, al año que viene, el 2000, con el cambio de milenio voy a subir el Everest, pero no lo conseguí. Pero sí lo hice en 2001 y me convertí por unas horas en la persona de más edad que lo había conseguido, absolutamente solo y sin oxígeno.

Usted es un gran conversador a pesar de que muchos pensemos que a las personas que les gusta escalar montañas tienen algo de solitarios...

Ahora voy muchas veces solo, pero no por placer, sino porque no me queda más remedio. Los amigos es lo que más valoro en esta vida y me encantaría que viniesen a estas expediciones.

¿Su último gran logro?
Ha sido el Makalu esta primavera, una montaña muy alta y muy complicada. Fui con un compañero, Rafa Díaz de la Cueva, el de la venta Marcelino, de Cotos. Él no pudo pasar del campo base. Y yo subí muy bien, muy bien, muy bien, anormal para una persona de 69 años. Sin oxígeno por supuesto, nunca me lo planteo ni lo llevo como prevención siquiera... Eso a los 69 años te llena de emoción. Yo no soy el abuelito que llega a ver si le echan una mano. Lo que no haré nunca en la montaña será el ridículo. Cuando vea que esto se ha acabado... -En 2005 tuve un pinzamiento que me dejó tres meses sin andar, tras una caída en el peñón de Ifach. Esto me ocurrió en febrero y en otoño hice un ochomil también yendo solo-.

¿Y después del Makalu?
Quiero terminar de hacer los 14 ochomiles. Sé que es una locura, me quedan seis que son muchos y algunos muy complicados, pero lo voy a intentar. La próxima primavera iré a una cumbre virgen de 7.250 metros que ya la hemos intentado dos veces, pero la vamos a subir este año. Se llama el Dome Khan, está en frontera de China, Tibet y Nepal. Una cumbre difícil de escalar.

¿Proyectos?
Quiero hacer las siete cumbres más altas de los siete continentes a los setenta años.

¿Cuántas le faltan?
Me quedan dos y quería acabarlos el año que viene. Por eso este otoño me iba a ir a Indonesia pero me tenía que ir solo, porque los compañeros que iban a venir conmigo me fallaron. Iré el año próximo a la pirámide de Carstensz en Nueva Guinea. Acabaré las siete cumbres más altas de los siete continentes a los setenta años.

Y entre tanto...

Aquí, jugando con los nietos, entrenar y escalar por aquí en estas montañas que me gustan tanto en la Pedriza. También haré una visita a los Alpes a practicar algo de esquí. Y también este invierno quiero escalar en hielo en el pirineo, quiero entrenarme para ponerme más fuerte de cintura para arriba para subir el Dome Khan.

¿Apoyos para sus planes futuros?
No me puedo quejar, tengo a El Corte Inglés que siempre me ha apoyado y para lo de la Antártida me apoyó la Comunidad de Madrid. Y ahora la Consejería de Deportes, de Alberto López Viejo, me ha dicho que me va a apoyar. Las montañas que me quedan por hacer no es lógico que las haga solo, necesito que venga alguien conmigo. Estamos intentando buscar un banco también.

¿Han cambiado mucho los materiales?
Yo empecé a escalar con cuerdas de cáñamo y con abarcas, no había botas. El material ha cambiado mucho y lo que más ha cambiado es la información, gracias a Desnivel. Aquí no existía ningún libro sobre el tema, tan solo unos pocos de editorial Juventud. En España estábamos en mantillas.

¿Qué otros deportes le gustan?
El esquí y la bicicleta mucho. Me gustan los deportes de sudar bastante y me gustan porque es mi entrenamiento para la montaña. He corrido también mucho, he sido campeón de Castilla con 44 años de 15 y segundo de 30 kilómetros. Lo he pasado muy bien corriendo esquí de fondo, y eso me ha valido para mantenerme en forma... me sigue gustando el esquí de montaña y el de fondo.

¿De mayor qué quiere ser?
Yo de mayor quiero ser alpinista (ríe).
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