Hemeroteca :: 25/04/2008
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La Entrevista

Álvaro Luengo

Última actualización 25/04/2008@02:14:26 GMT+1
Álvaro Luengo
Hace muy pocos días el doctor Luengo fue invitado a participar en el Congreso Internacional de Dietética que se desarrolló en el colegio universitario Escorial-María Cristina de San Lorenzo de El Escorial. Allí presentó su último libro, “Hablemos de Comida”. Un trabajo dirigido al público en general, donde aborda con un lenguaje muy claro, algunas de las lacras en materia de dietética y alimentación que desenbocan en enfermedades como la anorexia o la bulimia, así como de otra de las enfermedades que más preocupan a los especialistas en nutrición del siglo XXI: la obesidad. Pero también en su libro aborda una de las grandes obsesiones, la gordura, y cómo cuidando un poco la alimentación se pueden mantener a raya esos kilos de más. Recoge consejos y recuerda algo que de cara a la temporada de verano es importante tener en cuenta: no existen las dietas “expres” y sin el complemento de la práctica deportiva tampoco existen dietas “milagro”.

Dr. ¿Cuál es el objetivo del libro y a qué público va destinado?
“Hablemos de comida” va destinado al público en general, es decir, al público no técnico. Es un libro de carácter divulgativo y el objetivo es doble. Por un lado, explicar cuáles son los problemas, que son serios y muy importantes, que pueden dar lugar el exceso de peso. Se trata de concienciar un poquito a la población, porque creo que es básico hacer una educación nutricional, que se echa mucho de menos en nuestro país y es algo que debería empezar en el colegio y mientras no se haga eso no se resolverá lo que es el problema actual: la epidemia de la obesidad. En la segunda parte del libro, y siguiendo en esa misma línea de lenguaje claro y llano, trato de explicar las herramientas de las que disponemos los profesionales para combatir el exceso de peso. Me refiero tanto a las de tipo dietético –como son las dietas hipocalóricas, las de reducción parcial de hidratos de carbono, la dieta de la zona, etcétera-, como las herramientas de tipo farmacológico, medicaciones que tienen un tipo de mecanismo de acción bastante complejo que intento explicar de manera que una persona ajena a los conocimientos técnicos de medicina o farmacia, pues pueda entender cómo funciona un Reductil o un Acomplia o un Senical.

¿Es como una guía de dietética?
No exactamente. Es simplemente facilitar que la gente pueda elegir, un poco a su gusto, el tipo de dieta que se adapta más a sus condiciones particulares. No ir directamente al médico y que sea él quien le imponga la dieta que él prefiera. Eso es como el que se quiere comprar un coche: antes de comprarlo tener una idea clara de cual es la oferta ¿no?, si lo que se ajusta a las necesidades es un monovolumen o un deportivo. Es un poco en ese sentido.

¿Cuál es la pregunta que más le hace una persona que quiere adelgazar cuando llega a su consulta?
Tengo que decir que una de las que más me hacen es cuánto voy a tardar en terminar el tratamiento (sonrie). Claro, esa pregunta ya te deja claro que es que esa persona no esté entendiendo el problema. Quieren tratar el exceso de peso como si fuera un sarampión, es decir, que me cure lo antes posible y una vez que me he curado ya puedo volver a hacer lo que me dé la gana. Esa persona no entiende que si luego vuelve a hacer lo mismo que ha estado haciendo, por muy bien que se quede de peso, le va a volver a pasar lo mismo.

Ante esos planteamientos ¿qué es lo que habría que hacer?
Es necesario conseguir un cambio de hábitos de la persona que tenga el problema de exceso de peso porque, si no, estaremos perdiendo el tiempo.

Cuando una persona afronta por salud un régimen ¿ se produce un momento de pánico al pensar nunca voy a volver a comer esto o lo otro. ¿Genera estrés cuando afrontan un régimen?
Bueno, yo huyo siempre de las dietas drásticas. No voy buscando para nada el batir ningún récord ni nada por el estilo. Lo que hay que intentar es que, dentro de que haya unos resultados claramente apreciables -porque eso es necesario para que la persona mantenga el ánimo ante el esfuerzo que está realizando, si no se desanima-, hay que intentar que ese esfuerzo no se convierta tampoco en una cosa que le amargue la vida. En ningún caso hay algún alimento prohibido que nunca jamás se pueda comer. Hay que entender que todos somos humanos y nadie es perfecto y hay que permitir algún caprichito que otro de vez en cuando.

¿Qué tipo de alimentos son esos que debemos controlar: esa lista negra?
Básicamente son los alimentos que tienen contenidos altos en hidratos de carbono, azúcares por decirlo de otra manera. Está comprobado que en los últimos cien años nuestra ingesta, nuestro consumo de hidratos de carbono se ha multiplicado por diez, nada menos. Si a eso le sumas el hecho de que gracias a los avances de la tecnología pues necesitamos mucho menos esfuerzo físico para hacer una cantidad de trabajos que antes había que hacer físicamente, pues… la cuenta está echada: mayores ingresos y menores gastos pues el peso se nos dispara para arriba. Matemática pura. Hay que hacer ejercicio.

En la actualidad se dice que la dieta más sana es la mediterránea ¿es así?
(Sonríe) Si la dieta mediterránea es muy saludable aunque, bueno, dentro de ese concepto, también se engloban muchas cosas porque aquí entendemos una cosa por dieta mediterránea, en Grecia ya no es exactamente la misma idea ni en Italia tampoco. Todos queremos hacer de la nuestra la ideal. Lo cierto es que en cualquier supermercado de España pues hay una oferta increíble de variedad de productos “mediterráneos” que están compuestos también por carbohidratos, claro. No hay que olvidar que éstos no solo son dulces, que la gente piensa “yo no tomo dulces”, cuando lo cierto es que las patatas fritas son saladas y tienen una carga enorme de carbohidratos también.

¿Es por tanto un desconocimiento de los nutrientes de cada alimento?
Exactamente. Es donde quiero llegar al decir que es necesario hacer una educación nutricional. Es importantísimo que desde el colegio se les dé a los niños unas bases mínimas de nutrición La mayoría de los adultos pues no tienen ni idea de la composición de los alimentos, si están comiendo bien o mal y, de ahí, se deriva gran parte del problema.
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