El padre, Javier Ruiz, es pintor de la tercera generación del Realismo español y lleva treinta años dedicado al arte y exponiendo en las galerías más importantes; la hija mayor, Ángela, es actriz y escenógrafa; la madre, Maritina, es el punto de equilibrio de la familia, no practica ningún arte en particular pero estimula constantemente la creatividad de la familia, que se completa con el hermano, un auténtico apasionado del mundo de la imagen y del sonido, totalmente autodidacta, y con las dos pequeñas que ya apuntan maneras artísticas. Todos ellos juntos han sacado adelante elaborigen, un proyecto de Centro Cultural diferente en Cercedilla, que lleva funcionando desde el mes de mayo. Un espacio abierto a la expresión artística de todos, donde se elabora el arte desde su origen, de ahí su curioso nombre.
El antiguo Cine Montalvo de Cercedilla ha renacido de sus cenizas gracias a la familia Ruiz, que lo ha reconvertido en elaborigen, un Centro Cultural de iniciativa privada en el que se dan cita cine, teatro, humor, música, talleres y pintura. Los viernes, sábados y domingos por la tarde la sala recupera su sabor añejo y se convierte nuevamente en cine; por la noche, elaborigen es una sala de espectáculos que ofrece humor, conciertos, malabares… En cuanto a la pintura tiene su espacio en la planta alta del antiguo cine, en la que se pueden contemplar las obras de Javier Ruiz. Además, este Centro Cultural ofrece talleres de bailes de salón, teatro, grafología, animación a la lectura, mimo, escritura y percusión, entre otros, por las tardes durante la semana. Unas iniciativas que parten de la gente que acude al Centro, porque como explica Ángela, “nuestro concepto es estar abiertos a la creación de la gente, siempre que sea de calidad”. Para ello hay colocados en la entrada del antiguo cine unos buzones de sugerencias en los que todo el que lo desee puede proponer talleres y actividades. ¿Y qué ocurre durante la semana por las mañanas en elaborigen? De momento, funciona como cafetería, al igual que el resto del día, en la que se puede disfrutar de un buen libro mientras se toma un café. Pero esto no es suficiente para esta familia, porque si algo caracteriza a los Ruiz es el constante flujo de ideas. “A partir de diciembre vamos a tener una campaña escolar, que estamos organizando actualmente. Vienen institutos y les hacemos una presentación didáctica, luego ven la obra, después hay un coloquio, desayunan… Estamos tres horas con ellos”, cuenta Ángela.
El origen de un ambicioso proyecto“Yo había venido aquí al cine de pequeña y siempre me interesó este espacio, así que cuando acabé la carrera decidí informarme para ver si se podía utilizar para hacer cursos de teatro por ejemplo. Y un día mi padre vio un cartel de Se alquila en la fachada y me mandó un mensaje al móvil que decía: el cine Montalvo se vende o se alquila. Todo tuyo. Y yo dije, ah vale”. Son palabras de Ángela, que entonces pensó que por preguntar no se perdía nada. Cuando lo vieron, se dieron cuenta que la cosa no iba a ser fácil. En la planta alta, por ejemplo, había de todo, desde una silla de bebé, hasta antiguos carteles de cine, además de humedades y suciedad. Pero no sólo no se echaron para atrás, sino que el estado de abandono del cine estimuló la creatividad del padre, un experto en restauraciones y reformas caseras.
Más de dos meses estuvieron meditando la decisión y tras sopesar los pros y los contras tomaron la determinación de arriesgarse y lanzarse a la aventura. La vocación artística de la familia parecía afirmar que ese espacio estaba ahí para ellos. “Me voy a arrepentir si no lo hago”, pensó Ángela.
El primer paso estaba dado y como profetizaba el sms del padre, el Cine Montalvo ya era de ellos, al menos en régimen de alquiler. Pero de ahí a convertir un antiguo cine en un espacio cultural multidisciplinar había un abismo.
Un abismo que Javier Ruiz y su familia salvaron en apenas cinco meses. Las reformas comenzaron en diciembre y elaborigen se puso en marcha en mayo. En ese lapso de tiempo el padre se puso manos a la obra y realizó los diseños de lo que ahora es algo más que un antiguo cine. Pero como bien dice Ángela, seis meses después de su apertura, “aún quedan cosas por hacer, por ejemplo queremos colocar una cristalera sónica entre el patio de butacas y la cafetería, por si se quieren hacer actividades diferenciadas en cada uno de los espacios y siempre hay que pulir detalles”.
En cualquier caso, el mimo con el que se ha reformado el local, lo han convertido en un perfecto decorado de cine. “Nos hemos metido en Internet en algunas empresas de localizaciones para publicidad, cine y televisión, porque tenemos muchos posibles espacios, el cine, la cafetería, la cabina de proyecciones…”, explica Ángela, demostrando una vez más el espíritu emprendedor de su familia.
Pero el antiguo Cine Montalvo es mucho más que un simple decorado. “A todo el mundo se le ocurre algo que hacer de lo suyo aquí. De pronto llega un empresario y dice: ¿por qué no organizáis cenas de empresa con un espectáculo de humor? Y a un escritor se le ocurre hacer tertulias literarias. No sé, este espacio tiene algo”, comenta entusiasmada Ángela, que explica que “esta es la idea que tenía mi padre, que es el auténtico impulsor de esto, que todo el mundo pudiera aportar cosas”.
Hoy en día, esa idea ya es una realidad, pero ha costado llegar hasta aquí. “Teníamos la materia prima. Cuesta mucho sacar esto adelante y se pasan momentos duros, pero nosotros éramos el material humano necesario y con las condiciones adecuadas, porque encima somos artistas. No es como si esto lo coge un empresario. Es nuestra ilusión y vamos todos en la misma dirección”. Una afirmación que corrobora la madre. “Esto se puede lanzar con una idea empresarial o como en nuestro caso, por ilusión. Y como siempre hemos vivido en la cuerda floja, como viven los artistas, por eso nos hemos atrevido. Mucha gente nos dice: me encanta pero yo nunca me habría atrevido”.
Todo cabe en elaborigenEl carácter heterogéneo de elaborigen permite todo tipo de manifestaciones: la noche de las ánimas animadas, una fiesta brasileña, un concierto de un saxofonista en el que es acompañado a la percusión por un espectador espontáneo, los ensayos de una obra de teatro abiertos al público, las retransmisiones deportivas en pantalla gigante, fiestas infantiles de cumpleaños…
Sin embargo, hasta ahora lo que más éxito está cosechando son las proyecciones de películas, no en vano elaborigen es un antiguo cine. El motivo es que “es un concepto de cine muy distinto al que se lleva ahora, además tiene otro sabor”. De hecho es totalmente diferente a las multisalas que pueblan todos los municipios con más de 50.000 habitantes. “Hay gente que viene y que prefiere ver la película sentado en una mesa tomando algo. Y cuando proyectamos películas infantiles los padres están mucho más tranquilos, porque tienen al niño entretenido mientras ellos toman un café y leen un libro”, explica Ángela, que reconoce también las ventajas de los multicines. “Obviamente las butacas son más cómodas, pero todo es igual. Da lo mismo que estés en un multicine en Sevilla o en Oviedo. No hay atmósfera, es todo asépticco”. En elaborigen todo es mucho más cálido. Se ha creado una cercanía que ha provocado ya unas cuantas anécdotas. “El otro día, -comenta la madre- nos preguntaron si podían dejar aquí a los niños, mientras hacían un recado”.
De momento, la nueva cara del Cine Montalvo no ha conseguido enganchar a los habitantes del pueblo, según Ángela, por su “miedo a lo nuevo”, pero elaborigen sobrevive gracias a los visitantes de fin de semana y “la gente que lleva poco tiempo viviendo aquí y que busca algo diferente”.

