Nacido en diciembre de 1971, licenciado en Geografía e Historia por la Universidad Complutense especializado en Prehistoria, acaba de concluir su Tesis Doctoral “El proceso de neolitización del interior peninsular”. Hasta aquí los datos objetivos.
Ya en el terreno de la subjetividad pordríamos decir que el arqueólogo Jesús Jiménez Guijarro pertenece a la generación de Indiana Jones. Pues, la película “En busca del Arca perdida” marcó su vida decisivamente; como también la marcó el gusto de su padre y de su tío por lo antiguo en general y por la arqueología en particular.
Y es que desde su visita al yacimiento de Tiermes con tan sólo cuatro años, Jesús supo que iba a dedicarse a la arqueología. Un mundo con el que empezó a tomar contacto seriamente en 1991, en el pueblo segoviano de Prádena. Allí realizó su primera excavación arqueológica en la Cueva de Los Enebralejos, un poblado y necrópolis de la Edad del Cobre y del Bronce.
Etapa universitariaJesús define los años de la carrera como “meteóricos”. Un periodo en el que todo el tiempo del mundo era escaso para este arqueólogo, que dedicó los veranos a participar en decenas de excavaciones, de diversos periodos históricos, desarrolladas en España y en el extranjero, especialmente en Francia.
Tras esta etapa idílica, en 1997, Jesús se topó con la cruda realidad. En ese momento se dio cuenta de que el futuro de un joven arqueólogo resulta bastante negro. No obstante, su empeño y el amor que siente por su trabajo le permitieron salir adelante.
Fueron años difíciles en los que su pasión por la arqueología se mantuvo viva gracias a varias becas (becario honorífico del Departamento de Prehistoria de la Complutense, becario-contratado en la Real Academia de la Historia), que fue alternando con trabajos de técnico arqueólogo en los yacimientos romanos de Segóbriga y Mérida. Además, también dirigió el Proyecto de Investigación sobre Megalitismo en la Dehesa Boyal de Montehermoso (Cáceres).
Precisamente en esta provincia, más en concreto, en Coria, residió Jesús durante tres meses. A lo largo de ese tiempo realizó el Primer Curso de Técnicos de Patrimonio Cultural. Un curso dirigido a mujeres desempleadas, que impartió como monitor.
A su regreso a Madrid, el arqueólogo emprendió el Proyecto de Investigación sobre poblamiento neolítico y megalítismo, que le llevó a recorrer la región: El Boalo, Collado Villalba, Guadalix de la Sierra, Patones y El Escorial, fueron algunos de los lugares en los que desarrolló su trabajo durante esa etapa.
Fue en esa época también en la que se inició su relación con Alain Kermorvant, investigador de la Universidad francesa de Tours. Una relación que contribuyó a ampliar de forma considerable sus conocimientos.
El proyecto MiaccumEn 2003, Jesús inició lo que señala como “una de las aventuras arqueológicas más hermosas y apasionantes en las que he participado”: el proyecto Miaccum, en Collado Mediano. Ese año, el Ayuntamiento puso en marcha un Proyecto de Investigación del Patrimonio Histórico del municipio y tras valorar varios enclaves, decidieron intervenir en el yacimiento romano de El Beneficio.
Las excavaciones revelaron las ruinas de la posada romana Miaccum, una mansio construida en el siglo I después de Cristo y que vivió su máximo apogeo entre los siglos II y IV. Durante ese lapso de tiempo, la posada, con capacidad para 25 o 30 personas, vio pasar el cobre, la plata y la piedra que transitaba entre Segovia y Toledo.
Este hallazgo derivó en la creación del Servicio municipal de Arqueología, del que forma parte Jesús. Una labor que compagina con su trabajo en el Cuerpo facultativo de Conservadores de Museos de la Comunidad de Madrid.
Pero el arqueólogo no se durmió en los laureles y siguió formándose en la Universidad de Tours, donde realizó un expertizaje en Geofísica; y desarrollando su trabajo allá donde hubiera algo que excavar. Una labor que le llevó a lugares tan remotos como la necrópolis de Medhain-Saleh en Arabia Saudí.
Su más reciente logro es la creación el año pasado del Centro de Interpretación de la posada romana de Collado Mediano. Su modestia le impedirá colgarse esa medalla, pero lo cierto es que sin su empeño ese Centro posiblemente no existiría.
Ese pequeño recinto representa la primera piedra del sueño de Jesús, acercar la posada romana, y por ende la arqueología, al público. Y quién sabe, quizás algún día este centro contribuya al nacimiento de un arqueólogo de la generación de Jesús Jiménez Guijarro.
